Mujer sexy con tacos
Trapitos al Sol

Íbamos bien, hasta que aparecieron sus fetiches

Tenían el sexo de sus vidas, el mejor hasta entonces. Hasta que S empezó a cansarse de que su novio le pidiera que se le sentara en la cara.

“Vení, dale, sentate, sentate”, le decía en plena acción. “Me la bajaba”, cuenta S, que no era particularmente fan de que le lamieran el culo.

Llega un punto en cualquier relación en la que se relajan las inhibiciones y aparecen los fetiches de cada uno. Desde facesitting, hasta un role playing algo extremo.

Le pasó a D que su pareja le pidiera que encarnara a su mamá. Hablemos de complejos de Edipo.

A G, su marido le exigía que se calzara unos tacos de 15 centímetros para coger.

Y la lista sigue.

La pregunta es: ¿cómo lidiamos con estas situaciones, que pueden convertirse en una carga? Hay que saber que los fetiches pueden ser aliados del sexo, como “atajos” para excitarnos más. Pero cuando se convierten en conductas recurrentes y necesarias, cuidado. Podríamos estar ante un trastorno psicológico.

Lo primero será definir si estamos cómod@s en ese papel o si lo vivimos como una exigencia o una limitación para disfrutar. Regla de oro: no hagamos nada que no nos guste, por favor.

Podemos tratar de proponer nuevos fetiches, distintas experiencias que amplíen el menú y nos ayuden a salir de la rutina. Los más comunes son:

  • Zapatos
  • Cabello
  • Lencería y disfraces
  • Piercings
  • Voyeurismo
  • Sumisión/Dominación

¿Tenés algún fetiche o padeciste el de otro alguna vez?